Desde un sótano cualquiera, un día cualquiera

El enésimo blog, de la enésima aprendiz de bloger.  Nada nuevo debajo del sol. La panacea contra los males de la humanidad no se encuentra aquí.  El “non plus ultra” el pensamiento académico tampoco se encuentra aquí.  Estas son las reflexiones y lecciones de alguien que empezó su viaje hace mucho, y ese viaje me llevó a un sótano.

Un sótano que excede lo que mi diminuta fe merece. Un sótano en el que no cabe todo lo que quiero, pero tengo todo lo que necesito.  Un sótano curiosamente bien iluminado en el que caben las dudas existenciales, profundas, superficiales e irrelevantes, música en cantidades industriales, fotografías y tantos sueños como la mente humana sea capaz de producir con sus respectivos miedos y ataques de pánico. Un sótano que he decidido disfrutar mientras me sea dado.  Porque he llegado a ese punto de la vida donde la realidad me ha dicho que la felicidad no se mide en logros o posesiones.  Y yo tengo un sótano y una orquídea que florece en pleno invierno. No necesito más.

Bienvenidos a mi sótano

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