Lo que mis alumnos no saben

Ser maestra me ha ayudado a valorar y agradecer a los maestros y profesores que he tenido a lo largo de mi vida.  Yo no sabía que ponerse al frente de un grupo de personas es mucho que más que ponerse a hablar como papagayo.  No sabía que los maestros no lo saben todo y que deben luchar con sus propias carencias.  Pero tampoco sabía que se puede aprender de los alumnos.

Trabajar con adultos es como estar en un desfile de moda, con modelos de toda clase, extrovertidos y tímidos, rápidos y lentos, profesionales y no profesionales, exitosos y … no tan exitosos.  Me gusta prestar atención a las características personales de los “exitosos” para saber qué hacen ellos que el común de los mortales no hacemos, y esto es lo que he observado.

Disfrutan lo que hacen.

En este momento tengo a dos personas en mente.  Dos hombres, uno más joven y otro de mediana edad. Ambos altos, seguros de sí mismos, corteses, aunque al principio un poco distantes.  Ninguno de ellos tiene un título universitario.  En realidad uno es mecánico (titulado)  y el otro técnico informático (titulado) de espíritu libre. Ambos trabajólicos.  En su haber, más de un reclamo por parte de sus esposas por trabajar demasiado.  Ambos pierden la noción del tiempo trabajando.  Sus mentes no se limitan a pensar en sus tareas sólo 8 horas al día.  Tampoco les es molesto pensar en ellos por las noches o los fines de semana, simple y sencillamente porque disfrutan haciendo lo que hacen.  No hay que amenazarles para que hagan su trabajo, y pueden creo que podrían trabajar más por el mismo salario si ello les ayuda a llegar a donde desean.  Eso sí, necesitan sentirse apreciados y motivados, cada uno a su manera.  Uno aprecia la libertad y flexibilidad mientras que el otro se tira de cabeza en un proyecto nuevo. Ambos están dispuestos a aprender y perfeccionar lo que ya saben. Disfruto su buena disposición no sólo para aprender nuevas estructuras gramaticales, sino para corregir sus errores.  Podrían hablar durante horas de su trabajo, porque disfrutan lo que hacen y en cierta forma, su trabajo les define con personas.

No hay nada como disfrutar lo que uno hace, y si esa pasión trae la comida a casa, mejor que mejor.

Bienaventurado el que disfruta lo que hace y contagia ese gozo a los que están a su alrededor.

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