Capacidad o actitud, esa es la cuestión

Normalmente es triste terminar un curso de idiomas.  Si todo ha ido bien, hay un buen ambiente en la clase, una atmósfera más relajada.  Pero toda norma tiene sus excepciones, y de vez en cuando hay un grupo complicado con el que deseo terminar lo antes posible.  Justo el viernes terminé un curso de esos.  Uno de los que te reta como maestro, no porque las exigencias académicas sean grandes, sino porque pone a prueba tu madurez, buen juicio y autocontrol.  Lo triste de este grupo es que el mal ambiente lo causaba una sola persona.  Quizás la persona más negativa y con peor actitud que haya conocido hasta ahora.  Su nivel de tolerancia al fracaso era el de un niño de 4 años, desparramado en su silla como un adolescente encorvado y profiriendo improperios.  Curiosamente, era el alumno aventajado de la clase, su capacidad de deducción y pensamiento lógico le permitía ser el mejor y el más rápido sin esforzarse mucho.  Eso era lo que más me frustraba.  Envenenaba la clase con su negatividad sin razón!

Otra alumna, después de un día bastante difícil, propuso una teoría: ya que este personaje es un hombre solitario, desempleado por mucho tiempo y sin familia cercana, aprendió que quejándose obtenía la atención instantánea de cuatro mujeres al mismo tiempo. No suena descabellado, pero no es el punto.

Lamentablemente el alumno más capaz era el de peor actitud.  Si no hay un cambio de actitud hacia… la vida en general, dudo mucho que esta persona pueda tener éxito en algo.  Es muy triste perder oportunidades, no por falta de capacidad, sino por envenenar todo lo que se toca con una mala actitud.  Poco se puede hacer por ser más “inteligente”, ya lo decían los romanos: “lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta”.  Pero lo verdaderamente determinante en la vida, es la actitud con la que afrontamos nuestras propias carencias, los cambios y los retos.

Conocer a esta persona al final de cuentas me ha hecho bien.  He reconocido (aunque en menor medida, quiero creer) ciertas similitudes en cuanto a actitud. Conocerle fue como encontrar una señal de peligro en mi camino.  Espero tener la actitud correcta ahora para hacer los cambios necesarios.  Después de todo, el alumno se convirtió en maestro.

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