Esperar, a veces sólo queda esperar.

Esa temida llamada telefónica que confirma que debo seguir esperando.  Y aunque en el fondo sabía la respuesta, una pequeña parte de mi alma se aferraba a la posibilidad de no entrar en este período de espera, otra vez. A pesar de haber estado en esta sala de espera muchas veces, no me termino de acostumbrar.  Quiero respuestas positivas, y las quiero ya. Quiero que todo vaya bien y sin baches en el camino. Quiero tantas cosas, y se a veces siento que se me pasa la vida esperando.  Esperar mientras la vida sigue.  Esperar con las manos atadas. Esperar mientras ves a los demás volar.  Esperar mientras lo que tanto temes toca a las puertas de tu vida.

Esperar. Esperar en fe y con gozo.  Esperar sin morderme las uñas.  Esperar sin hacer pagar a los demás por lecciones que son sólo para mí. Esperar siendo productiva y útil a pesar de ese sentimiento de inutilidad que me produce esperar. Esperar porque no hay otra opción.  Esperar porque mi Padre Celestial me acompaña en esta espera. Esperar con fe porque las cosas sólo escaparon de mi control, pero no del suyo.

“A ti miran los ojos de todos, y a su tiempo tú les das su alimento” (Sal. 145:15)

“Alzaré mis ojos a los montes,

¿de dónde vendrá mi socorro?

Mi socorro viene de Jehová

que hizo los cielos y la tierra”

Sal. 121:1-2

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