¡¡Muévase, haga algo!!

Me gusta la historia de la navidad.  Me gusta especialmente cómo la cuenta Lucas en su evangelio.  Me gusta descubrir cosas nuevas cada vez que leo la misma historia.  Hace un par de años quedé impactada con la vida de Elisabet y Zacarías, dos personas piadosas que cargaron con entereza y sin amargura la afrenta de no tener hijos.  Dos personas buenas que vivieron en tiempos complicados. Dos personas de oración cuando Dios parecía estar ausente.

Pero hoy me detuve en otros personajes: los pastores, Simeón y Ana.  Personas normales, personas buenas y llenas de esperanza a pesar de vivir bajo la crueldad del imperio romano.  Personas con una fe no enquistada, que les permitió escuchar la voz de Dios por medio de los ángeles y el Espíritu y actuar en consecuencia.

El que espera se desespera, eso lo sé por experiencia.  Esperar a que lleguen los invitados cuando ya tienes todo listo es para mí revolotear por toda la casa revisando que todo esté bien, mirar el reloj unas cuantas veces y asegurarme de no tener llamadas perdidas.  Si a mí me cuesta esperar media hora, no sé cómo será esperar muchos años a un invitado que no termina de llegar.  Es la fe la que nos ayuda a esperar cuando no hay razones aparentes para hacerlo.  Es la fe la que mantuvo en ellos viva la llama de la esperanza.  Es la fe la que les ayudó a mantener la calma aún cuando los detalles no eran claros.  Por la fe se mantuvieron tranquilamente en alerta.  Hasta que un día escucharon la voz de Dios.

La voz de Dios hace llamados diferentes, según su voluntad.  Ya sea para estar quietos y contemplar a Dios, o para dejarlo todo e ir a otro lugar, la voz de Dios demanda una respuesta.  En el caso de los pastores, el mensaje de los ángeles demandaba acción, ir, buscar al niño y comprobar la veracidad de la noticia.  No me imagino a los pastores, después de ver la gloria misma de Dios resplandeciendo para ellos, convocar a una reunión. El presidente de los pastores pudo haber dicho algo así “Queridos colegas pastores, hemos recibido una visión, yo propongo tomar una semana para orar de forma individual y dentro de una semana nos volvemos a reunir y votamos sobre lo que vamos a hacer al respecto… ¿alguien aprueba la moción?…”  Apresuradamente, así actuaron los pastores (Lc. 2:16).   Si Simeón y Ana hubieran tardado unas horas, se habrían perdido la bendición de ver al Salvador hecho hombre.  Y eso es algo que no se ve todos los días.

La palabra de Dios nos impulsa a movernos, a ser proactivos, así seas ganadero o tengas rodillas artríticas.  La oración es importante, siempre lo ha sido, pero una vida de oración nunca podrá ser sustituida por una oración de último minuto. O estamos listos o no estamos listos.  Pero una oración de emergencia no puede sustituir y dar mejores resultados que una vida de oración. La oración es parte de la preparación para la acción. Si Dios está hablándole, por favor, muévase, haga algo.  Si Dios nos está hablando, por favor, ayudémonos unos a otros para movernos y hacer algo.

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