11 días con cáncer

“A veces las cosas no salen como las planeamos”, “yo sé”, me respondió mi amiga.  Y con esta frase sé que no estoy descubriendo el agua azucarada, pero hay temporadas donde esta frase parece ser especialmente cierta. Esta es la crónica del mes de octubre.

Un escueto “cuando puedas llámame” de mi padre anunciaba vientos huracanados.  Aunque esa noche no pudimos hablar, me temí lo peor.  La palabra cáncer retumbaba en mi cabeza. Era clara y evidente, pero al mismo tiempo tiempo una especie de calma (de esas que acompañan a los grandes desastres) se apoderaba de mi estómago. Al día siguiente se confirmó el diagnóstico inicial, fue como ver al monstruo cara a cara por primera vez. Esa soleada mañana de otoño me di cuenta de un par de cosas,.  La primera, que uno de los pilares de mi vida se tambaleaba bajo mis pies, y yo no podía hacer nada.  Era la invitada de lujo a un espectáculo inevitable, de esos que sabes que no terminarán bien. La segunda, que estaba viviendo uno de esos brevísimos pero decisivos momentos de la vida en el que estás ante una encrucijada y tienes que elegir, en mi caso, entre dos actitudes. La pregunta que me hacía a mí misma era “¿cómo vas a afrontar los próximos días?”.

Llegué a casa con la necesidad de buscar objetos que me ayudaran a recordar a mi padre en caso de que lo peor pasara.  ¿Tendría suficientes cosas que me hicieran sentirlo cerca cuando él ya no esté?. El espejo me recordó una gran verdad, yo no estaría donde estoy, ni llegaré a donde tengo que llegar sin el padre que Dios es su soberanía y misericordia me ha dado.  No necesitaba cosas para recordarlo, porque los verdaderos pilares de mi vida son resultado de su insistencia y tenacidad.  Yo estoy muy agradecida a mi padre por su vida y sacrificios, y él lo sabe, pero ¿estará él orgulloso de mí?. La respuesta es sí, a pesar de todo sí. Un pequeño intento de tranquilidad y satisfacción me ayudó a afrontar el fin de semana, pero en los siguientes dos o tres días experimenté el shock e incredulidad que acompaña a estas situaciones. ¿De verdad esto nos está pasando? aunque por otro lado, ¿por qué iba yo a estar excenta?

La oración de Ezequías.  Aún me debatía entre sentirme miserable o procurar una actitud madura.  Buscaba algún precedente histórico/bíblico del que agarrarme.  Curiosamente mi madre y yo pensamos en el mismo personaje: el rey Ezequías.  Un hombre al que Dios le comunica que el final de su vida está cercano, él ora y Dios le concede 15 años más.  Era perfecto, 15 años más.  Mi oración durante esos días fue “yo sé que puedes hacerlo, porque ya lo has hecho antes, hay un precedente de tu gracia y poder, necesitamos un milagro igual”.

Pero ¿qué pasaría si la respuesta fuera negativa?.  Un leproso hace dos mil años tuvo la osadía de pedir un milagro al Hijo de Dios en persona.  Siempre he admirado su temple al suplicar por su vida “Señor, si quieres puedes limpiarme.” (Mt. 8:2) En cinco palabras reconoce a Cristo como Señor y por lo tanto con humildad apela a su amor y poder para concederle salud.  Si quieres. No te lo exijo porque no soy nadie para hacerlo, pero sé que puedes. Si Dios había decidido que mi padre no viviría muchos días más sobre esta tierra, igualmente su nombre sería bendito (Job 1:21). “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo… y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses…” (Dn. 3:17-18).  Siempre he animado a otros a confiar en el Padre Celestial me medio de las tormentas de la vida, ahora tenía que poner en práctica mis propios consejos, lo que resultó ser doloroso pero liberador.

Con una llamada empezó todo y con una llamada terminó. Resultados en mano la médica de mi padre no esperó a que llegara el día de la temida cita y lo llamó para darle las buenas noticias.  No es cáncer. Y así como misteriosamente y en silencio empezó su deterioro el proceso de mejoría ha empezado.  Escribo esto desde su escritorio, mi padre está descansando, pero su escritorio es un testimonio de su vida, libros, bolis, una Bilbia, una foto de su abnegada compañera y medicamentos.   Bendito sea el nombre de Jehová.

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