Molesta

Fue casi como un bofetón. Después de tres años viniendo fielmente a clase, me saca del aula para decirme que ya no vendrá más, pero que no debo preocuparme, que no es mi culpa. (¡Por supuesto que lo es!).

Hace un par de meses, celebrando el final del curso con el resto del grupo, casi promete amistad eterna y ahora me dice que el grupo ha cambiado y que él se va.

En general me cuesta mucho adaptarme a los cambios. No los asimilo bien. Si algo funciona bien no me gusta que me cambien las cosas. Siempre he creído que esa molestia o tristeza que siento es porque soy de estructuras fijas para algunas cosas. Y es cierto, pero hoy me di cuenta de algo más. Un alumno en una empresa se pasó por clase para despedirse. Se marcha de la empresa. (Perder 3 alumnos en dos días es un pésimo récord, aunque no soy para nada responsable de la marcha de este último). Me di cuenta de que echaría de menos su estilo estructurado a la hora de opinar. Pero también echaría de menos el estilo conciliador del chico de al lado si se marchara. Echaría de menos el enfoque pragmático del otro. Echaría de menos a esos chiquitos de 20 años y sus historias locas sobre influencers, youtubers y discotecas. La suma de todos ellos es lo que hace la mezcla perfecta. Es una lástima que sus jefes no sepan ni sus nombres.

Dar clases a adultos es como beber un cóctel. (Nunca he bebido uno pero supongo que será algo así). Cada persona en el grupo es un ingrediente. Hay ingredientes que es mejor no mezclar. De algunos necesitas más y de los más intensos un poco menos. El cóctel perfecto se obtiene mezclando las dosis correctas de la gente adecuada. Darle clase a un grupo bien “mezclado” es un subidón para el maestro. Hay otros que los tomas como medicina, rapidito y sin rechistar.

Volviendo al desertor original, debo reconocer que el supo ver enseguida algo que yo tardé semanas en captar: la mezcla de ese cóctel había cambiado. Ya no funcionaba para él. Se marchó llevándose a los que pensaban como él. Así como aterrizó un día en mi clase, rodeado de su séquito, así se marchó.

Mi tarea: crear la receta para este nuevo grupo, huérfano ahora de macho alfa.

El primer poema

Quizás fue el primer poema en la historia de la humanidad.  Cómo en todo poema que se precie hay amor, belleza, dudas, vergüenza, celos, muerte, esperanza… y todo lo que adorna la existencia humana.  Este poema fue escrito por un hombre bastante mayor para un pueblo que sólo conocía la esclavitud y daba sus primeros pasos hacia la libertad.

¿Por qué Moisés no se explayó un poco más y nos dio datos científicos sobre la creación? Necesitamos información sobre los métodos, estrategias, materiales, procesos… ¿no? Pues no.  Como maestra de idiomas sé que la rima en un gran aliado del aprendizaje.  Las reglas gramaticales se olvidan, pero la rima hace que algo nos suene bien o mal aunque no sepamos por qué.  Un poema era la herramienta perfecta para que este pueblo de ex esclavos recordara los orígenes de la humanidad.

Desde hace tiempo quería empezar a escribir series en lugar de posts aleatorios.  Pensé en escribir una serie sobre Jesús y las mujeres pero al final me decidí por ésta: Génesis 1-11. (La serie de las mujeres se queda en el tintero, tal vez la idea necesita madurar).  En estos 11 capítulos, que en realidad son un poema hay conceptos que me parecen clave para entender el resto de la Biblia. El primero es la bondad de Dios en contraste con la maldad humana.

El capítulo 1 deja muy claro (porque lo repite 7 veces) que todo lo que Dios creó era bueno. Absolutamente todo era bueno. Adán y Eva disfrutaron esa bondad durante algún tiempo, tenían trabajo, no tenían necesidades de ningún tipo, vivían sin estrés, sin enfermedades, sin peleas entre ellos, pero empezaron a dudar.  “¿Y si es cierto lo que dice la serpiente y Dios me está negando algo “bueno”?”. Los seres humanos confundimos lo que es bueno con lo que en realidad deseamos. Me gustan las bebidas azucaradas, sé que no son buenas para mi salud, pero siempre encuentro “justificaciones” para beberlas. Si algo me gusta y me hace “feliz” ergo, es bueno. La bondad de Dios repercute en el bien común, no en la satisfacción egoísta de unos pocos. La bondad de Dios comparte, no acapara. La bondad de Dios genera vida, no la quita.

Capítulos 1 y 2 de Génesis, Dios derrocha bondad, lo comparte todo, lo da todo. Capítulo 3, Adán y Eva piensan: “¿En serio? yo creo que hay algo más que me estás negando y eso podría hacer mi vida realmente perfecta” “¿Y si lo que me estoy perdiendo es lo que me puede satisfacer y hacer realmente feliz?”.  El creador contraataca con bondad inmerecida y promete que uno de los descendientes de Eva herirá a la serpiente y solucionará en problema del pecado. En los capítulos 6 al 10 la maldad de los seres humanos llega a límites intolerables por lo que Dios decide empezar de nuevo y en su bondad no destruye a toda la humanidad y promete no volver a castigar la tierra con otro diluvio.  En el capítulo 6 los hombre se vuelven a levantar en orgullo mirando hacia el cielo, porque tienen la tecnología que les permitirá alcanzar la gloria y ser inmortales: el ladrillo. La bondad de Dios lo lleva a esparcirlos por su propio bien. (¿ladrillos? ¿en serio? con eso no vamos a llegar muy lejos. Sondas espaciales. con eso sí que vamos a llegar lejos).  El capítulo 12 termina con Abram.  El plan de salvación está en marcha, eso sí que es bondad.

Leí hace poco una cita atribuida al cómico Jim Carey: “Espero que todos puedan volverse ricos y famosos y obtener todo lo que soñaron, para que se den cuenta (de) que esa nunca será la respuesta”.

“¿Qué otro Dios hay como tú, que perdona la maldad y olvida el pecado del remanente de su pueblo? Tú no guardas el enojo todo el tiempo, porque te deleitas en la misericordia.” Miqueas 7:18