Placebo para ‘vístimas’

De vez en cuando escucho unos audios que buscan dar consuelo a los de corazón quebrantado. Algunos de ellos han siso francamente alentadores pero otros… no sé que pensar.

Cuando alguien me dice lo que ellos piensan que yo quiero oír es cuando se disparan todas mis alarmas. Lo reconozco, no me tomo muy buen los cumplidos si vienen de extraños. Que me digan que Dios me va a dar todo lo que quiero, y que solo tengo que dejar ir al pasado es una frase condicional tan simple que no puedo sino dudar de ella. No hay requisitos, solo un Dios tipo Papá Noel que quiere verme sonreír. Gratificación inmediata, como darle un teléfono a un niño para que deje de llorar.

Es como si no nos mereciéramos el sufrimiento, porque fuimos hechos para finales de cuentos de hadas. Como si se pudiera separar el dolor de la experiencia humana. Como si mereciéramos todo bueno del mundo como premio por nuestra fe diminuta. Y no digo que me encanten los problemas, pero una vida sin problemas no existe, como tampoco existe ese Dios débil que me quieren vender por ahí.

Hace un par días escuche la charla de Jen Wilking sobre por qué la Biblia no ha arreglado mis problemas de autoestima. Genial, simplemente. En lugar de buscar versículos en la Biblia que le recuerden al Padre que somos preciosos en sus ojos, ella aboga por cambiar el enfoque, no se trata de que yo me sienta bien, la Biblia trata sobre Dios. A estas alturas del partido me conozco, y si miro hacia adentro solo veo un vacío oscuro y frío, pero si miro al Dios de Génesis 1 al 3 veo ingenio, texturas, música, luz y calor. Si miro dentro de mí hay tristeza y desesperanza, el Dios de la Biblia hace que sienta admiración y lo quiera invitar a un café (pero mejor mañana, porque hoy no tengo pan dulce, y solo café así queda muy feo)

Al verlo a él, me alegro de que no se trate de mí.

Lo de «vístima» no es error de dedo, tal vez debería recomendar buscar en Google «se está haciendo la vístima» pero no es importante, solo me pareció una referencia simpática a la cultura popular latinoamericana.

El unicornio de los millenials.

Crecimos escuchando que somos especiales, que nos merecemos todo, que podemos tenerlo todo, que nunca ha habido una generación con tantas oportunidades como la nuestra, que el futuro era nuestro y que cambiaríamos el mundo.

Pensamos que íbamos a tener el final feliz de las series que veíamos en televisión. Pensamos que un título universitario era garantía de trabajo estable y seguro. Pensamos que lo que les funcionó a nuestros padres nos funcionaría a nosotros también. Metas boomer con recursos millenial. Pero no.

La meritocracia no pudo contra la precariedad laboral. Las crisis de cada país alejaron poco a poco el espejismo de estabilidad y seguridad que creímos ver en nuestros padres. La globalizacion se llevó puestos de trabajo a países donde la mano de obra fuera más barata. Nos dimos cuenta de que somos reemplazables.

Llegaron las redes sociales y compramos el cuento de que es posible tener una vida perfecta y digna de publicar. Otros, quienes quiera que sean, pero no nosotros. Y en ese esfuerzo por mantenernos a flote, nos quemamos. Nos cansamos de perseguir al unicornio. Nos cansamos de demostrar que somos la generación mejor preparada de la historia de nuestros países, pero que igual no llegamos a fin de mes. Y del cansancio a la terapia y de la terapia a la resignación. Hasta que un día un golpe de suerte resucita al unicornio y vuelta a empezar.

https://cadenaser.com/nacional/2022/06/19/el-trabajo-es-como-un-mal-amor-ni-te-dignifica-ni-te-da-la-vida-que-creias-que-ibas-a-tener-retrato-de-los-millennials-quemados-y-atrapados-entre-la-precariedad-y-la-expectativa-cadena-ser/