La tierra prometida también tiene desiertos.

La tierra que Dios prometió a los hijos de Jacob tenía desiertos, literal. La tierra que fluía leche y miel era buena pero tenía desierto. Es buena Y tiene desierto. La generosidad de Dios no es incompatible con la aridez del terreno.

El desierto, ese lugar donde el silencio es angustioso, el sol absorbe la esperanza y no hay descanso para los pies cansados. Metáfora perfecta de algunas épocas de la vida en las que no pasa nada y pasa de todo. De esas etapas en las que esperas que detrás de la siguiente colina se divise algo de vegetación. ¿Puede un desierto ser una muestra de amor del Padre celestial? O tal vez sea una invitación personal a conocer el lado más indomable del León de Judá.

«Todo lo que Jehová quiere, lo hace,
En los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.» Salmo 135:6

C. S. Lewis lo sabía bien.

«-Si hubiera alguien que se presente ante Aslan y no le tiemblen las rodillas, o es el más valiente de todos o el más tonto».

-«Entonces, ¿es seguro?» Preguntó Lucy

-«¿Seguro?» Dijo el señor Castor; «¿no has escuchado lo que la señora Castor acaba de decir? ¿Quién dijo seguro? Por supuesto que no es seguro, pero él es bueno. Él es el rey». Crónicas de Narnia, el león, la bruja y el armario.

Es bueno e indomable. Es bueno e imprescindible. Es bueno y tiene su propia agenda. Es bueno y poderoso, no sólo para darnos lo que pedimos sino para quitar todo lo que está de más. Es bueno y nos promete el paraíso, es bueno y nos lleva al desierto. Es bueno y nos acepta como somos, es bueno y no nos deja como estamos. Es bueno.

Un elefante en el pecho

Hace mucho leí lo que para mí es la mejor descripción sobre la depresión: sentir que tienes un elefante sentado en el pecho. La DW en español tiene documental sobre la depresión titulado «Cansancio de vivir». Yo lo veo más bien como una nube, una sola, con diferentes tonos de gris, desde el gris marengo hasta el gris tornado. Esta nube flota sobre la cabeza de su humano, de modo que si este levanta la mirada al cielo ve su nube, y depende del color de su nube así interpreta su entorno. Si la nube está de un gris claro, entonces se puede intuir el sol; si la nube está oscura, tipo «está a punto de caer un señor aguacero en país tropical», solo queda resignarse y no hay sol en el universo que nos convenza de lo contrario. Hay nubes y nubes. Cómo tenía que ser la nube de Verónica Forqué, la actriz española a la que encontraron muerta en su casa, para que decidiera marcharse antes de tiempo. Cómo tenía que ser su nube para que aceptara participar en un reality show sabiendo que no estaba bien. El instinto de conservación normalmente dice «escóndete», no «exponte».

Entre rotos nos detectamos y nos entendemos unos a otros. Dios los crea y el diablo los junta. Pero los odiadores (haters)… ¿de dónde salen? ¿Hundir por el placer de hundir? ¿Qué virtud hay en ello? (efectivamente, un poco de estoicismo) ¿Habrá algún tratamiento para dejar de opinar con tanto ímpetu? (¿Algo de filosofía estoica?) ¿Y para dejar de mirar al mundo a través del color de la nube sobre mi cabeza? ¿Y para las ganas de dejar de luchar?

Mientras tanto… Mientras tanto
Gocemos mientras tanto
Gastemos los pulmones en la ducha
Cantando desafinados (Tommy Torres)

Feliz Navidad, o lo que sea

Te vas a caer

– Estoy preocupada, veo que la gente tiene miedo, Rosa tiene mucho miedo…

– ¿tú crees? ¿Por lo de la pandemia?

– Sí, la gente tiene mucho miedo.

– ¿y qué podemos hacer?

– No lo sé… antes yo vivía con miedo de todo. Es algo que me viene de familia mi papá es así, mi hermana también… «no hagas esto porque te vas a caer» o «no hagas lo otro porque te puede salir mal». Nos enseñan a que las cosas van a salir mal…

Saludar al vecino, acostarse a una hora
Trabajar cada día para vivir en la vida
Y contestar solo aquello y sentir solo esto
Y que Dios nos ampare de malos pensamientos

Cumplir con las tareas, asistir al colegio
¿Que diría la familia si eres un fracasado?
Y ponte siempre zapatos, no hagas ruido en la mesa
Usa medias veladas y corbata en las fiestas

Las mujeres se casan siempre antes de treinta
Si no, vestirán santos y aunque así no lo quieran
Y en la fiesta de quince es mejor no olvidar
Una fina champaña y bailar bien el vals
(Pies descalzos sueños blancos, Shakira)

Hacemos o dejamos de hacer para evitar el castigo, y eso es normal en los niños pequeños, pero si a lo 40 seguimos igual, algo anda mal. Si a los 25 nuestra motivación para hacer o dejar de hacer no va más allá de la recompensa egocéntrica a corto plazo, estamos condenados a la extinción, como los dinosaurios. Si nuestro sistema para tomar decisiones maduras no es más fuerte que el miedo al potencial qué dirán, debemos aprender a convivir con la mediocridad. Si no podemos dar buena explicación de por qué hacemos lo que hacemos sin sonar como adolescente hormonalmente inestable, apaga y vámonos.

Felices los humildes, porque Dios les dará en herencia la tierra. Felices los que tienen limpia conciencia, porque ellos verán a Dios. A corto plazo felicidad, a largo plazo herencia inimaginable. A corto plazo felicidad, a largo plazo ver a Dios.

PD. No tengo nada en contra de saludar al vecino o acostarse a una hora… pero no lo hago por necesidad, sino porque sé que llevarnos bien es bueno para ambos, o que dormir suficiente es bueno para mí y para los que me rodean. Lo de bailar el vals, eso sigo sin verlo claro. De momento no.

Los dioses olímpicos

Pensando en Simone Biles… que una chiquita como ella lleve el peso del mundo sobre sus hombros y que tenga que hacerlo con una sonrisa y sin rechistar me parece… cruel. Del orgullo de representar a tu país al pánico que decepcionar a millones de personas. La misma masa colectiva e impersonal que eleva, tiene el poder de hundir. El alma humana no fue hecha para eso. Hace unos minutos un comentarista alemán dijo de otra chica, Sunisa Lee, que es la nueva Simone Biles. A rey muerto, rey puesto. Tras la retirada de Biles, la prensa brasileña especula, ¿y si nuestra Rebeca Andrade tiene opciones de medalla? Y es que ¿quién no quiere ver a uno de los suyos en lo más alto? Admirar sin adorar, abrazar sin asfixiar, animar sin exigir.
Parece que como sociedad necesitamos modelos que nos muestren la diferencia lo admirable y lo condenable. Y no importa si las personas están listas para la fama y adoración,  lo importante es que tengamos a alguien en el pedestal para poder admirar. 

Si Biles, Andrade o Lee fueran algo mío, o tuviera algún tipo de influencia, les diría: «lo que sea que hagas hazlo por ti, porque puedes, tienes los recursos, la habilidad y te hace crecer como persona porque te reta. Y si de paso tu trabajo emociona e inspira a otros, perfecto». En este caso, el orden de los factores sí alteran el producto.

¿Y si el único que puede llevar el peso del mundo sobre sus hombros sin romperse ni corromperse, fuera Cristo? Escuchando una entrevista este lunes de Alisa Childers a John Cooper y Jeremy Camp, Jeremy, acertado como suele serlo, dijo «Jesús dijo «sígueme», no dijo sigan a mis discípulos». Supongo que hay varias razones para ello. No estamos hechos de material resistente a la corrupción. Perdemos el norte muy rápido. Un par de cumplidos y nos venimos arriba.

Puestos los ojos en Cristo, el autor y consumidor de la fe.

Al momento de escribir esta entrada Susina Lee y Rebeca Andrade todavía no habían ganado las medallas de oro y plata respectivamente. Andrade se convierte en la primera medallista sudamericana en gimnasia (si le entendí correctamente al comentarista alemán).

Gracias Ortega y Gasset

A los 16 o 17 años, en clase de filosofía, en un lugar de mi Andalucía de cuyo nombre no quiero acordarme, escuché la frase: «yo soy yo y mis circunstancias». Menuda epifanía. Lo decía todo sin decir nada. Usé esa frase para evitar dar explicaciones de cosas que ni yo misma entendía y en las que era doloroso hurgar: el sentido de mi existencia. A estas alturas del partido no me da miedo admitir que he tenido unas cuantas crisis existenciales, y aunque lo de mis circunstancias era cierto en cierto sentido, había un par de cosas que quedaban en el aire. Me hubiera gustado que mis circunstancias fueran monoculturales, monolingües, predecibles, nacer, crecer, reproducirse y morir. Claro. Sin dobles interpretaciones. Era mejor que ir dando tumbos de un lado al otro, sin encajar en ninguna parte. Muy intensa y rígida para ser guatemalteca, muy guatemalteca para ser hondureña, muy oscura para ser española y muy flexible para ser alemana. Muy académica para una conversación sencilla, muy sencilla para un académico, muy artística para trabajar en una oficina, muy poco imaginativa y temerosa para ser artista… Mis circunstancias…

Esta mañana visitando a una amiga, de esas amigas que tengo cuyo pasado es perfecto para olvidar, pero cuyo futuro está por escribirse, me escuché a mí misma diciendo no podemos controlar el pasado, pero sí nuestras reacciones. Decidí que quería que mi amiga conociera la universidad donde trabajo (y de paso entregaba calificaciones). Quería que ella viera que el mundo es más que esos antros de mala muerte que ella conoce. Todo le pareció bonito. Por primera vez en su vida quiso trabajar en una universidad, limpiando, pero en una universidad. De regreso a la estación de tren dije cosas como que no podemos elegir la familia que tenemos, pero sí podemos elegir ni hacer lo que vemos en casa. Nadie elige un padre maltratador, pero se puede elegir una pareja respetuosa. Ortega y Gasset tenía las horas contadas en el salón de la fama de mi corazón.

Preparando la clase de mañana mientras veo un partido de fútbol poco interesante, escuché una entrevista que en principio tenía que ser interesante para mis alumnos, no para mí. La entrevistada dijo «no somos nuestras circunstancias, somos lo que decidimos hacer con ellas». ¡pum! Era momento de tomar de mi propia medicina. Soy lo que decido. Y decido estar en paz. En paz con mis luces y mis sombras, con mi realidad y mi fantasía, con mi debilidad, en paz porque Cristo es mi paz.

«Me Fui – REYMAR PERDOMO (y lo volvería a hacer)

Los hay que migran porque sienten que les falta algo, y esperan encontrarlo al otro lado de la frontera.  Otros migran porque se están quedando sin oxígeno. En cualquier caso dejar atrás lo que uno conoce, ama y le da seguridad es toda una aventura.

«Con mi cabeza llena de dudas, pero me fui» y ¿saben qué? Lo volvería a hacer

Cabilaciones en el autobús. El dilema de la auto percepción y la realidad

Según yo, soy una persona amable, responsable, tranquila, etc, etc, etc. Es lo que percibo de mí misma alimentado en parte por la interacción con los demás. Esa autoconciencia es uno de los distintivos principales del ser humano. Pero ¿qué pasa cuando mi auto percepción no coincide y choca con la realidad? Los seres humanos somos la única especie en el reino animal que disociamos la idea que tenemos de nosotros mismos de la realidad. Construimos nuestra identidad en base a lo que percibimos de nosotros mismos, influenciados, en mayor o menor medida, por la realidad que nos rodea. La baja autoestima o la megalomanía no se basan en datos puramente objetivos, sino en como nos percibimos a nosotros mismos.
De vez en cuando nuestra auto percepción choca con la realidad.  Resulta que no somos lo que pensábamos que somos. Con un poco de suerte somos mejores de lo que pensábamos, aunque normalmente nos damos cuenta de que no somos tan buenos como pensábamos o como solíamos serlo. Entonces entramos en crisis.No voy a decir que la crisis es una oportunidad de auto reinventarnos. Internet está lleno de ese tipo de mensajes. Las crisis son la oportunidad ideal de darnos cuenta de que, efectivamente, no estamos donde pensábamos. Las grietas de nuestro carácter se exponen al público y no sabemos qué hacer. Esconder esas grietas es la opción más popular. Pero ¿y si esas grietas fueran un recordatorio divino de una realidad humana inevitable?
Somos seres finitos, limitados en el tiempo y el espacio, con capacidades en decadencia; amados por un Dios ilimitado, cuyo amor perfecto le impulsa a amar nuestra imperfección y precariedad. Un Dios que no se sorprende ante nuestros continuos y variados fracasos. Un Dios que ha prometido acompañarnos en nuestras crisis. Después de todo es lo que nuestros amigos de carne y hueso hacen por nosotros, acompañarnos.Pero también es un Dios que honra nuestras crisis, las toma y suple su necesidad. No elimina las consecuencias de nuestros actos. Pero si se le permite, usa esas consecuencias para su gloria.  La suya, no la nuestra. 

Mi Dios pues suplirá conforme a sus riquezas en gloria.

El precio de la ignorancia

«Si crees que la educación es cara, prueba con la ignorancia» Derek Bok (según Google; repetido hasta la saciedad por mi madre). Uno de mis alumnos resultó ser metalero consagrado. Ayer me contaba que fundó su propia banda, ha grabado un par de discos, incluso da conciertos; todo financiado por todos miembros de la banda. Dado que yo misma me embarqué en un proyecto editorial que resultó ser más complicado de lo que pensamos, me interesaba saber si por lo menos cubriríamos costos, así que no pude evitarlo y le pregunté.  Su respuesta fue escueta. «No» y añadió: «pero después de esto tendrás experiencia, y la experiencia cuesta».  No pude evitar pensar en la frase que repetía mi madre; la duda existencial estaba servida: si la ignorancia cuesta mucho, pero la experiencia también, ¿cuál es el punto?

Las últimas semanas, desde finales del año pasado en realidad, he sentido tanto miedo y frustración como nunca antes en mi vida.  De hecho el diagnóstico inicial fue ansiedad y depresión.  Tuve que pedir ayuda profesional, necesitaba otro par de ojos con una perspectiva diferente que me ayudara a reconciliar mi fe y mis sentimientos, porque quieren divorciarse y no sé como evitarlo. De todo lo que dije y lo que oí en esa habitación una frase ha estado restaurando mi vida: «No creo que estés haciendo las cosas especialmente mal, tus problemas no son algo excepcional, de hecho es parte de ser adulto, todos tenemos luchas similares…» Así que me he dedicado a ver si es cierto que estamos todos en el mismo barco, y así es.  Todos luchamos con frustración, miedo, sentimientos de culpabilidad, soledad, falta de capacidad, ganas de salir corriendo… Creo que puedo autodiagnosticarme como normal.

Llevo meses intentando alinear en la misma órbita mi vida profesional, mis aspiraciones, mis pasatiempos y aficiones, experiencia y habilidades naturales, pero nunca ocurre.  Si la experiencia crece, la vida profesional se para en seco, las habilidades naturales van a su aire y mis pasatiempos van en dirección contraria.  Todo esto mientras la vida social se resiente porque para quedar con algún amigo tengo que obligarme a mí misma a hacerlo, porque no me queda energía. Si invierto en adquirir experiencia y potenciar alguna área de mi vida me sale caro y a corto plazo cambia nada, si pruebo con la ignorancia y quedarme estancada también me sale caro, entonces ¿cuál es el punto?

Otra de las cosas que he recordado en las últimas semanas es que avanzar no es una opción, es una necesidad vital.  Los adultos tenemos esa terrible creencia de que ya crecimos todo lo que debemos crecer, nos estancamos y nos lleva la corriente.  Dejamos de aprender y adquirir experiencia, porque es muy caro y requiere mucho esfuerzo, y es entonces cuando empezamos a morir. Buscando la estabilidad nos estancamos y caemos en la comodidad. «Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento» y paguemos el precio, aunque sea alto.  También he recordado que la vida es una maratón, es mejor tomarse las cosas con calma porque queda mucho por delante. Mis ojos no deben estar puestos en los corredores que van delante de mí, aunque sea más fácil escribirlo que hacerlo. Lo importante es terminar, guardar la fe, llegar hasta el final.  Avanzar requiere planificar y la planificación evita que nos centremos en el presente más de lo necesario. Si las circunstancias presentes son buenas corremos el peligro de estancarnos, es mejor seguir avanzando.  Si el presente es sombrío es mejor avanzar, no quedarnos aquí más de lo necesario, pero siempre con los ojos puestos en la meta.

«Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.»

La cuesta de enero.

La famosa cuesta de enero está aquí.  Es como una fiesta sorpresa (que no es sorpresa porque sabes que sucederá) donde las facturas y gastos normales de principio de año se reúnen para darte un susto.  Para algunos la cuesta se convierte en un puerto de montaña, o en el Niágara en bicicleta.

Algunos de mis alumnos decidieron regalarme tiempo estas navidades, y sé que lo hicieron con buena intención, pero al cancelar sus clases (queriendo quedar bien conmigo) me dejaron en números rojos.  Estas cosas pasan. Y de todas y cada una de estas historias, independientemente del grado de culpabilidad en la planificación, el Padre celestial tiene cuidado (lo que no es una excusa para la dejadez).

¿Es Dios un padre bueno o malo?. Cualquiera en la cristiandad respondería que Dios es un padre bueno, porque sabemos que es la respuesta correcta, pero nuestras acciones demuestran lo contrario. Decimos que Dios es bueno pero nos dejamos llevar por la ansiedad porque en realidad no lo creemos.  O creemos que Dios es bueno solo para algunas cosas y para otras tenemos que echarle una mano. Conocer no es sinónimo de creer.

Lucas 12:13 cuenta la historia de un rico que se desvivió consiguiendo bienes materiales y descuidó su propia alma. Y no hay nada de malo en trabajar duro, ser responsable y planificar de cara al futuro, porque el trabajo bien hecho da gloria a Dios.  Lo que no da gloria a Dios es el afán, la ansiedad, ese maquinar soluciones desde nuestra limitada perspectiva que nos roban el gozo de nuestra salvación.  La ansiedad es el intento inútil de hacer previsible el futuro, que es por naturaleza imprevisible, es el orgullo de creer que nosotros sabemos lo que necesitamos y podemos conseguirlo sin necesidad de nadie. El fruto del Espíritu no es noches en vela mordiéndonos las uñas, es amor, gozo, paz, paciencia… La ansiedad es egoísta, porque donde hay ansiedad no hay amor; es ciega, porque nos quita perspectiva; es lúgubre, porque esconde el gozo y mortal porque mata la fe.  En definitiva, es pecado.

Cada uno lucha contra la ansiedad en diferentes áreas de la vida, el área financiera, profesional, familiar, sentimental, emocional, etc, cada uno desde su debilidad, pero nuestro Padre sabe que tenemos necesidad de estas cosas. Y nuestro Padre es por naturaleza bueno y perdonador.  Entonces «¿por qué os afanáis?»