¿Cuánto cuesta salvar un alma?

Turismo sexual, tráfico de personas o esclavitud infantil, son realidades que preferimos ignorar y esconder debajo de la alfombra. En la mayoría de países “desarrollados” hay un agujero negro, una doble moral, donde ciertas cosas no están permitidas pero tampoco están prohibidas. La esclavitud infantil es inaceptable en nuestros países pero si pasa en otros países no pasa nada, no es nuestro problema.  El turismo sexual es algo que por supuesto sólo pasa en Asia, y de lo que pasa a 43 km. de aquí mejor no hablamos.

He decidido ayudar a una organización que lucha contra el tráfico de personas en el área donde vivo. Es una organización compuesta por voluntarios apasionados y muy profesionales en lo que hacen.  Mi trabajo es muy fácil, tengo que ir de compras.  Diferentes equipos visitan burdeles y contactan con las que ellos llaman “our precious ladies”.  Aún no entiendo muy bien como funciona todo pero yo sólo tengo que ir de compras.  Compro regalos para nuestras preciosas mujeres.  El trabajo es tan extenso que terminé adoptando un burdel porque no me daría a basto comprando regalos para todos los equipos que visitan a las mujeres. Compro regalos para las mujeres de un burdel específico y trabajo sólo con un equipo, así es más fácil para todos. Tengo un presupuesto (limitado) e intento comprar cosas bonitas, baratas y que de alguna forma las haga sentir amadas, porque lo son.  Intento que los regalos digan “eres valiosa”, “no pierdas la fe” o “hay alguien buscándote”.

Hace un par de semanas le pedí a una amiga que me ayudara a comprar algunas cositas para nuestras preciosas mujeres, y cuando le expliqué a mi amiga de qué iba todo esto, ella me miró y me dijo “pfff tanto trabajo y recursos para rescatar a una o dos mujeres, no sé si esto vale la pena”.  Ella lo estaba viendo desde una perspectiva empresarial secular: inversión grande = ganancia grande, si no hay ganancias entonces es mejor no invertir. Pero ¿quién puede ponerle precio a un alma? ¿cuántas horas, dinero o sacrificio se debe invertir en una persona antes de que se considere una pérdida de tiempo? ¿cuándo es aceptable renunciar?

¿No fue nuestra salvación algo impagable para nosotros? tanto que sólo el Hijo de Dios podía pagarla. ¿No somos el resultado de lo que nuestra familia ha invertido en nosotros? ¿no somos el legado del sacrificio de generaciones anteriores?. Y si sólo logramos rescatar a una persona ¿será todo este esfuerzo una pérdida de tiempo? Pero si fuera al contrario, ¿no desearía que alguien me buscara incansablemente hasta encontrarme?

No nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. (Gálatas 6:9)

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Clientes, jefes, colegas y otras relaciones interpersonales.

¿Y si el mejor consejo sobre negocios ya ha sido dado? ¿Y si el mejor discurso sobre atención al cliente ya ha sido dicho?¿ Y si el mejor manual sobre recursos humanos se pudiera resumir en una linea? ¿Y si ese principio, conciso pero profundo, aplicara a todas las relaciones interpersonales?

Trata a los demás como quieres que te traten a ti.

¿No se reducirían los chismes en el lugar de trabajo? ¿No se buscaría la colaboración en lugar de la manipulación? ¿No se fomentaría la confianza entre proveedor y cliente porque los dos buscan el beneficio común? ¿No tratarían los gerentes y directores de empresas con más dignidad y transparencia a sus empleados, porque ellos mismos son empleados de alguien más? ¿No se lucharía con uñas y dientes por la fidelidad en el matrimonio? ¿No se apoyaría más a las minorías en la sociedad? ¿No se defenderían los derechos de los que no tienen voz? ¿No pensaríamos en las consecuencias de nuestras palabras antes de hablar? ¿No reformaríamos nuestro estilo de vida si este destruye la vida de otras personas al otro lado del mundo? ¿No se acabaría la corrupción de unos y la pasividad ante la corrupción de otros? ¿No amaríamos de forma más activa y no tan pasiva?

Trata a los demás como quieres que te traten a ti.

O dicho de otra manera, si te gusta la idea de justicia, practícala tú primero.  Si te repulsa la idea de que alguien se aproveche de ti sexualmente, defiende la pureza.  Si no quieres que tu honor sea mancillado, no difames. Si no quieres que se aprovechen del fruto de tu trabajo, no te aproveches de nadie y no apoyes a los que lo hacen.

Trata a los demás como quieres que te traten a ti. Esta es la regla de oro de las relaciones interpersonales.