Un libro oscuro vs una historia de amor y redención

Después de algunos meses hurgando en el oscuro libro de “Jueces” he llegado a la conclusión de que el libro de Rut me encanta. Caleb se instaló en mi corazón, Débora y Jael se ganaron mi respeto y admiración pero a partir de allí todo va de lo absurdo a lo surrealista. Por eso necesitaba poner fin a 5 meses de estudio con una nota positiva, algo que solo podía hacer Rut. Ha sido como si el Padre me dijera: “en 21 capítulos (Jueces) te voy a explicar lo que pasa cuando confías en tu propio entendimiento y te fías de lo que a tus ojos es correcto. Pero me bastan 4 capítulos (Rut) para que veas lo que yo hago con los que se atreven a confiar en mí. Míralo con tus propios ojos”.

Y eso hice.

El Dios que amaba a las mujeres.

Trabajar con víctimas de explotación sexual me ha hecho valorar a mi padre. Nunca se lo he preguntado pero sé que jamás me hubiera vendido por un televisor o un teléfono de última generación. Al contrario, de él aprendí que amar es comer medio helado para que yo pueda comerme uno entero. Lamentablemente mi padre es la excepción.

Estudiando el libro de Jueces he llegado a la conclusión de que uno de los temas importantes del libro son las mujeres, desde la perspectiva divina y humana. Hay dos tipos de mujeres, las protagonistas y las víctimas.

Acsa: Dios le muestra su amor dándole un padre como Caleb, hombre de guerra que, tan pronto destierra a los hijos de Anak, como concede a su hija tierras y fuentes de agua. Un hombre valiente, pero no violento. Un guerrero fiero pero un padre generoso que infunde respeto, no miedo.

Débora: mujer respetable que no llegó a ser jueza por soborno o amiguismo, sino por su buena reputación. Dios habla con ella directamente, sin intermediario masculino, solo ella y su Dios. Jael, mujer valiente que no duda en comprometer el acuerdo de paz entre su marido y Jabin y mata al cruel Sisara. Sí, una mujer que mata. Una mujer anónima mata al perverso Animelek, hijo de Gedeon. Otra mujer que mata. Mujeres fuertes que no se esconden y hacen lo que deben hacer, son instrumentos en las manos de Dios para traer justicia al país.

Pero la hija de Jefte sufre el desconocimiento de su padre sobre lo que Dios esperaba de los padres israelitas y termina sacrificada. Caleb y Jefte recibieron la una orden de Dios, ambos la cumplen, la diferencia está en que Caleb conocía al que le daba órdenes y Jefte no. El resultado: Acsa tuvo disfrutó la generosidad y protección de su padre y la hija de Jefte murió sin ver su propósito cumplido.

¿Un levita con una concubina? Sería tanto como decir que un pastor no esconda a su amante. Esta pobre mujer lo tenía todo un contra: un padre no duda en devolverla a su hombre, un levita que nada sabe de la ley. La concubina no encontró protección en su propia familia ni con el hombre que supuestamente la amaba. Terminó violada y descuartizada.

Dios, siendo el padre generoso que es, dio a las mujeres padres buenos como Caleb, esposos buenos como Otoniel, y colaboradores leales como Barak. Pero cuando el corazón de los hombres se llena de ellos mismos y de sus propias ideas las mujeres sufren. En el libro de Jueces todas terminan muertas.

En nuestra ONG el 99% de los voluntarios son mujeres, y por todas y cada una de ellas le doy gracias a Dios. Porque son mujeres valientes, mujeres que podrían mirar hacia otro lado, porque trabajar con víctimas de explotación es muy complejo. Pero cada una desafió su comodidad y dio un paso adelante. Pero nuestro trabajo nunca estará completo hasta que los hombres buenos se unan a la causa y desde su perspectiva y trasfondo nos ayuden, porque no podemos solas.