Justo ese día la sombra de sus demonios se debió haber sentido más fuerte que nunca. El vacío por haber perdido al amigo, maestro, redentor, no iba a ser reemplazado en mucho tiempo, quizá nunca. Antes de él solo había oscuridad, y esa oscuridad tan familiar amenazaba con ferocidad. ¿Pereció la luz del mundo? ¿La muerte le había robado los años más maravillosos de su vida? Nada tenía sentido. Rodeada de confusión y dolor nadie tenía palabras de consuelo para ella. En un momento de lucidez organiza con sus fieles amigas una despedida, un ritual funerario que las ayudara a aceptar que quedaban solas. Cuantas comidas habían preparado juntas, cuantas veces habían lavado túnicas en el primer arroyo que encontraban, cuantas veces habían empacado comida para el camino, cuantos kilómetros recorridos, cuantas horas de espera mientras el maestro desafiaba la lógica de los poderosos con sus historias, cuantas cenas entre risas y momentos de reflexión. Ahora solo memorias de tiempos lejanos. Por última vez juntaban para poner su conocimiento y recursos al servicio del Mesías. ¿Las perdería a ellas también? Ahora que perdían al único elemento en común que tenían, ¿volvería a estar sola?
-No te preocupes María, pocas cosas hay tan fuertes como amistad entre mujeres. – Cargadas con el fruto de su trabajo en recipientes, se disponen a enfrentar la realidad con un plan que necesita ajustes. María necesita un momento más. Ella no está lista para despedirse, pero tampoco está dispuesta a aceptar consuelo barato con historias sobrenaturales. Las otras mujeres siempre han sido más pragmáticas, ella en cambio, es más sensible, sobre todo a los cambios. Cuando pensaba que era imposible sentirse peor, va a la tumba, y efectivamente está vacía. ¿Debió haberse adelantado al resto de las mujeres? ¿Debío haber ido al sepulcro el día de reposo y arriesgarse al castigo? Eso hubiera sido menos doloroso que buscar el cadáver de quien le había dado una nueva perspectiva. Angustia llena su corazón y sus ojos. Busca consuelo en el jardinero, esperando encontrar lo que ella cree que necesita: un cadáver. – María: escucha a tus amigas, pocas cosas son tan eficientes como una red de mujeres con buenas noticias. –
Su nombre suena diferente cuando lo pronuncia el Maestro. Hay autoridad en su voz. Hay compasión en sus ojos. María necesita tocarlo, está más que dispuesta a aceptar aque lleva 3 días en agonía por su falta de entendimiento y corre a corroborar lo que sus amigas sabían. – Pocas cosas hay tan contagiosas como una mujer con un corazón que reboza gozo y alivio. – Sus amigas están dispuestas olvidar su incredulidad, no hay reproches, todo queda atrás porque la luz ha vuelto a brillar.