No sé cuando fue la última vez que me levanté, me duché y desayuné con tranquilidad. Mañana tranquila cortesía de Vampi. Nunca he tramitado una baja por enfermedad. Fui de nuevo con la médica pensando poner carita de “me muero” y explicarle que ya tengo cita con el cirujano para hablar de los siguientes pasos. Estaba lista para suplicar, explicarle me sentía capaz de trabajar, pero con todas las citas sería difícil. Por alguna razón desde el momento que dieron el diagnóstico mi jefa me mandó a casa, y yo me sentía culpable, porque me siento culpable cuando no estoy viviendo mi vida a mil por hora. La jefa de la clínica me llamó, no me preguntó nada, solo me dijo: “aquí tiene” firmó y listo. 3 horas entre citas, tiempo para comer y escribir. Almuerzo relajado cortesía de Vampi.
En una camilla de hospital mientras me toman la presión en cada una de las extremidades; intentando tranquilizarme, pero fracasando rotundamente. Después hizo su entrada el cirujano, que con paciencia de maestro me explicó que estaba viendo en el ultrasonido. Escuchando las pulsaciones de mi propio cuerpo no pude evitar pensar que no tengo control sobre mi propio cuerpo. Cuantos millones de veces ha latido mi corazón sin que yo se lo ordene. Y ahora que se lo ordeno, no se tranquiliza. Por segunda vez en la semana escucho las palabras “tumor” y “benigno” en la misma frase. Pero de una operación para extirpar a Vampi no me salva nadie. ¿Y ahora? Más exámenes y a esperar. Mi palabra favorita: esperar.
Hasta ahora le he contado de mi situación a 5 personas, pero no puedo seguir posponiendo esta conversación con otras. Empieza lo bueno. Tengo que decírselo a mis dos colaboradoras favoritas. Solo tengo dos colaboradoras. Creo que se asustaron un poco, pero estoy practicando y ganando experiencia en como decir las cosas. Yo he tenido tiempo para procesar este diagnóstico pero para todos los demás es una sorpresa. Algunas personas necesitan que yo las consuele, otras le quitan peso a la situación, como si se tratara de una amigdalitis. Es interesante la forma en la que reaccionamos ante la misma situación, cada uno desde nuestras experiencias previas y desde nuestros miedos. Algunos con la emoción a flor de piel, otros con “frialdad” pero todos hechos por el mismo Dios.
Mi paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. Juan 14:27